Las relaciones diplomáticas entre Panamá y la República Popular China(Parte 1)

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  • Redacción:  Nehemias José Jaén Celada
  • Edición: Carlos

Taipéi, TAIWÁN. El 13 de junio pasado se conmemoró el cuarto aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre nuestro país y la República Popular China. La luna de miel del matrimonio de conveniencia entre ambos países duró menos de lo que cualquier oficial en Pekín alguna vez imaginó. Y es que una de las grandes percepciones erróneas que tiene China sobre la región de América Latina y el Caribe ha sido asumir que nuestros países manejan las relaciones diplomáticas como si fueran políticas de estado, es decir, dándole continuidad a una relación bilateral sin importar qué partido o figura llegue a ostentar el poder. Lo cual dista de un entendimiento certero sobre el carácter personalista y egocentrista de los políticos criollos en el manejo de la política exterior que, en lo que va de este siglo, se ha repetido el mismo patrón en por lo menos cuatro ocasiones sobre la cuestión diplomática  .

Cuatro años después del establecimiento de relaciones diplomáticas entre Panamá y China, poco queda del amor que se juraron ambas partes, ni de la efervescencia de los primeros días. Una vez más, China demostró desconocer la idiosincrasia de las élites políticas y económicas criollas panameñas; también subestimó la dinámica de la democracia electoral del país; y, peor aún, pareció retar la relación estratégica entre Panamá y los Estados Unidos de América. China asumió que su política de fomento de las relaciones con sus ciudadanos o descendientes chinos en ultramar, aunado a la inclusión de Panamá en la lista de países latinoamericanos y caribeños beneficiados con el programa de viajes auspiciados por el gobierno chino para participar en una serie de seminarios “para conocer china y su gobernanza” (sin mantener relaciones diplomáticas) – del cual participaron miles de panameños – cambiaría la percepción de las élites y actores sociales de Panamá en el periodo previo al establecimiento de relaciones diplomáticas y políticas.

A nivel comercial, según datos de la Contraloría, el año pasado, China se convirtió en el principal destino de las exportaciones de bienes de nuestro país, totalizando 370 millones de dólares. Dicho incremento se dio principalmente por la exportación de cobre panameño a ese país – el cual consume la mitad del cobre que se produce en el mundo – para sus sectores de manufactura y construcción. Claro está, la exportación de materia prima panameña clave para el desarrollo de China nunca ha dependido de tener o no relaciones diplomáticas. En los últimos meses, los medios de comunicación del istmo destacan la exportación de carne bovina panameña a China, sin analizar por qué este rubro no entró al mercado chino con anterioridad a pesar de que ambos países mantuvieron oficinas de representación comercial por poco más de dos décadas. Y es que mientras China utilizó a Panamá como su plataforma de distribución de mercancías para la región durante décadas, Pekín no permitió la entrada de varios rubros panameños a ese mercado asiático, argumentando la ausencia de relaciones formales.

A nivel de inversión, contrario a lo que se percibe en Panamá, la presencia China en nuestro país no se caracteriza por jugar un rol destacado como país de origen de grandes inversiones, sino por su participación como proponente en obras de infraestructura pública que son financiadas por el presupuesto de la nación. Dicho esto, hay que resaltar que ese tipo de participación no califica como inversión extranjera directa (IED). Las empresas chinas, en su mayoría estatales (State Owned Enterprises, SOE), vieron en Panamá – contrario a sus experiencias en otros países de la región – un país financieramente estable, y las ganancias de proyectos en nuestro país ayudaron a inyectar dinero fresco a las finanzas de un sistema chino de empresas estatales estructuralmente poco rentable. Irónicamente, mientras nuestros productos no lograron entrar a China hasta el año 2017, las empresas chinas si tuvieron cancha abierta en nuestro país para posicionarse para obtener contratos millonarios.

El establecimiento de relaciones diplomáticas – argumentó la parte panameña – catalizaría las inversiones chinas en el país. Según el Monitor de IED de China hacia nuestra región, un proyecto de la Red Académica de América Latina y el Caribe sobre China, de la Universidad Autónoma de México (UNAM), en el 2019 se calculaba que dicha inversión alcanzaría poco más de 2 mil millones de dólares, principalmente en dos proyectos, una planta de energía a base de gas natural, y un puerto de contenedores y un parque logístico. Desafortunadamente, el primer proyecto está paralizado, y el segundo está en proceso de cancelación de concesión.

Hoy, cuatro años después, las relaciones diplomáticas entre Panamá y China se encuentran estancadas. Contrario a lo que señaló el embajador chino hace poco, las relaciones no se están desarrollando, no son estables, ni mucho menos saludables. Lo que hace sentido ante los señalamientos sobre China de la canciller panameña cuando, durante su gira por Europa, señaló que la nueva administración panameña ha adoptado una posición “neutral”, y, aún más, que “el error del pasado fue entrar en medio de una disputa entre gigantes.” En una segunda parte analizaré la profundidad de estos señalamientos.

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